En un contexto donde la seguridad ciudadana se apoya cada vez más en soluciones digitales, la accesibilidad deja de ser un valor agregado para convertirse en un requisito esencial. Hablar de seguridad hoy también implica hablar de inclusión, autonomía y equidad. Porque una herramienta que no puede ser utilizada por todos, deja a personas afuera del sistema de protección.
Bajo esta premisa, surgen iniciativas que ponen a la accesibilidad en el centro del diseño tecnológico. SmartPanics es un claro ejemplo de este enfoque: una herramienta concebida para ser 100 % accesible, pensada especialmente para que personas con discapacidad visual puedan reportar situaciones de inseguridad o emergencias de manera simple, autónoma y confiable, conectándose directamente con una Central de Monitoreo.
La propuesta va más allá de resolver una necesidad técnica. Apunta a derribar barreras históricas que han limitado el acceso de ciertos colectivos a los sistemas de seguridad tradicionales, muchas veces dependientes de la visión, la lectura en pantalla o procesos poco intuitivos. En este caso, la tecnología se adapta a las personas, y no al revés.
Un caso concreto que refleja este compromiso es el de la Alcaldía de Envigado, en Colombia, que a través de la aplicación Amigos de la Seguridad apostó por un modelo de seguridad más inclusivo. La iniciativa incorpora herramientas accesibles que permiten a personas con discapacidad visual interactuar con el sistema de seguridad local de forma independiente, fortaleciendo su rol como ciudadanos activos y protegidos.
Este tipo de proyectos marcan un cambio de paradigma: la innovación ya no se mide solo por su nivel tecnológico, sino también por su impacto social. Cuando la accesibilidad forma parte del diseño desde el inicio, la seguridad se vuelve verdaderamente universal.
En definitiva, avanzar hacia modelos de innovación responsable implica reconocer que la seguridad es un derecho fundamental.
Un derecho que debe ser garantizado para todos.
Y también, con todos.



